Técnicamente, hablar de dermocosmética es una redundancia. Por definición, un cosmético está formulado para ser aplicado sobre la superficie de la piel. Pero, aunque subjetiva,   existe una diferencia a nivel de concepto con el cual estoy de acuerdo. Dada la amplia variedad de productos en el mercado creo en la necesidad de establecer una diferenciación. Aunque solo sea por el hecho de dar una connotación especial a marcas o productos que llevan detrás una base científica enfocada a la salud de la piel. Base por la cual este es un blog de dermocosmética.

Un poquito de historia: en 1970, surgen laboratorios que ofrecen tratamientos cuasi médicos de los problemas de la piel por encima del cosmético. Y priorizan esta premisa sobre otros aspectos del cosmético, como los envases, que se caracterizan por ser sobrios y pasar a un segundo plano.

Por otro lado,  la Dermofarmacia se define como rama de la Farmacia que estudia, fabrica y expende productos de cosmética no relacionados con patologías. Es un pilar fundamental por tanto en el cuidado de la piel y la mejora del bienestar. Colabora en el tratamiento de alteraciones estéticas en muchas ocasiones, ayuda a disminuir los efectos secundarios de algunos medicamentos, y mejora la calidad de vida en todos los casos.

Aclarando estos conceptos intento que me conozcáis mejor y me ayuda a explicar el mensaje que intento transmitir en este blog. El cuidado de la piel requiere hablar de dermocosmética, porque la base científica es necesaria. La piel es salud. Pero no solo de dermocosmética, ya que ese bienestar que se menciona en la definición de Dermofarmacia incluye otras disciplinas, como la nutrición y el deporte. De todo esto iremos hablando.

Soy experta en Dermofarmacia y, por tanto, mi objetivo no es la belleza, sino la salud. La belleza será el resultado.